Un buen texto: la clave del éxito al transmitir un mensaje

Los locutores trabajamos a diario con textos de todo tipo, dependiendo del trabajo que tengamos entre manos.

En la mayoría de los casos esos textos están muy bien pensados. Tienen el visto bueno del cliente y del creativo publicitario o el responsable de marketing. Cada texto tiene una intencionalidad y una función: contar una historia, llamar la atención del público o formar al interlocutor que está al otro lado.

 

trabajando

La entonación y la voz del locutor son elementos primordiales para conseguir estos objetivos, diríamos incluso que en ello radica el 50% del éxito de nuestro mensaje. Pero el otro 50% está en el texto: la consecución de palabras que dan forma al contenido que queremos transmitir.

 

¿Es siempre acertado este mensaje?

 

Debatiendo el tema con compañeros locutores llegamos a la conclusión de que hay ocasiones en las que el texto no tiene ni pies ni cabeza o se cae por su propio peso.

Puede haber varios motivos: las prisas, las exigencias del cliente,… o algo tan elemental como no cuidar los detalles. En esos casos, el engranaje de la cadena falla y no se consigue el resultado deseado.

 

Una de las claves es ponernos en el lugar de la persona que nos escucha y que ese texto sea lo más natural posible, es decir, que sea lo más similar a la forma en la que nos comunicamos a diario.

 

¿Cuántas veces nos hemos topado con un texto que no se entiende?

 

Frases demasiado largas
Uno de los errores habituales son las frases larguísimas con varias subordinadas. Se solucionaría simplemente con leerlo en voz alta para darnos cuenta. Al leerlo en voz baja se entiende muy bien, pero a la hora de proyectarlo en voz alta el locutor corre el riesgo de quedarse sin respiración. Y lo que es peor, el oyente se ha perdido porque no ha podido seguir un hilo narrativo demasiado largo.

 

Cacofonía y redundancia
Cuando leemos en voz alta también podemos apreciar si hemos caído en la cacofonía, ese efecto sonoro desagradable que se produce al repetir sonidos o sílabas.

 

Economía del lenguaje
Se produce especialmente en textos publicitarios: intentar incluir el máximo número de palabras en el menor tiempo posible. Principalmente porque las tarifas de las cuñas o spot varían, y mucho, dependiendo de su duración.

 

Cuando el cliente se empeña en comprimir el texto el resultado es desastroso y el locutor tiene que escuchar aquello de: “vas muy rápido y no se entiende el mensaje”. Evidentemente toca reducir texto o elegir un formato más largo. También podemos convertirnos en la voz en off más rápida de la televisión a modo del anuncio de Micro Machines. En publicidad debemos tener en cuenta si el anuncio lleva música al inicio o al final o efectos especiales, todo suma en el cómputo total del cronómetro.

 

Con mi experiencia realizando tareas publicitarias en radio comprendí la importancia que tiene escuchar al cliente y mantener una comunicación directa con él. Es fundamental ponerse en su lugar para saber lo que quiere conseguir con su mensaje, pero sobre todo, hacerle ver cuál es la manera más adecuada de lanzarlo para obtener los resultados que está buscando.

El locutor es una pieza más de todo el engranaje para que la maquinaria funcione a la perfección y cuando existe feedback y el cliente (o el creativo/publicista) te escucha y entiende que ese texto necesita una vuelta de tuerca, todo es más fácil.

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